Te he visto morir y nacer mil veces como una luna que apaga y prende su cabellera de las sortijas de la noche. Creo en morir como una cascada y en nacer. Nazco de lo que es eterno.
El agua viene siempre montada a la grupa de aquel caballo. El agua es una enredadera invisible que trepa a lo alto de las montañas del mundo.
Te he visto morir, amada, y nacer como el agua. Como el brusco descenso de las estrellas que caen. Y nacer, nazco, yo de tus manos y me haces, alfarera, como a Adán lo hizo el Amo.
Siervo tuyo soy de tu risa.
Reíte, siempre, amor, Que de tus labios, Yo crezco. De: La rosa invisible
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